Esteban Borrell, FC Barcelona

De espaldas al socio

Cuando algo no funciona es difícil que se arregle. En el amor, por ejemplo, se lucha por mantener una pareja aunque, en algunas ocasiones, las cosas no funcionen nunca. Si no es por ‘A’, es por ‘B’. Si no es por ‘B’, es por ‘C’. Hay veces en las que lo mejor es tomar conciencia  de la situación y distanciarse. Abrir los ojos. Tras intentar entender ciertas situaciones, llega el momento de distanciarse.

Los socios del FC Barcelona han sido engañados y apartados, pero no hasta el punto de ser olvidados. El proceso de solicitud de entradas para la final de la Copa del Rey ha permitido ver la importancia que desde el club se le da a los socios. Además de un reparto equivocado de las entradas (los Estatutos establecen que el 85% de entradas son para socios y no para socios y peñas), lo que en un plano teórico era un reparto justo, se ha convertido en un caos que desnuda la gestión de una Junta que no prevé situaciones que afectan a muchos socios.

El primer problema en la compra ha sido la saturación de gente intentando entrar a la web. Lógicamente, la avalancha de socios a las 10:00h de la mañana ha sido imparable para un sistema informático poco preparado. La situación ha durado horas para algunos y minutos para otros. Los afortunados que conseguían su entrada ocupaban poco a poco las gradas de una zona visitante que se llenaba a medida que pasaban los minutos. La desesperación se ha apoderado de los culés que, tras colas virtuales de más de una hora, se afanaban en comprar su legítima entrada.

Hasta aquí, se puede pensar que este relato de los hechos es una exageración, pero no lo es. Cuatro o cinco horas después del inicio del proceso, miles de culés seguían viendo como el intento de compra  daba error. Tarjetas, nombres, claves o pins. No había forma de pagar una entrada para el partido. El club no supo dar soluciones.

El culebrón de las entradas dio un giro de 360 grados cuando algunos socios informaban a través de las redes sociales que el club vendía las entradas en las taquillas. De no poder comprar la entrada online, a poder pagarla y tenerla físicamente. Algunos aventurados pusieron rumbo al Camp Nou sin saber ni tan siquiera qué se pedía para poder recoger las entradas. En las taquillas la situación era un caos: colas de mínimo 30 minutos e información a cuentagotas. En definitiva, un despropósito que no está a la altura de un club como el FC Barcelona.

El sorteo ha sido el reflejo de una gestión paupérrima. Caótica. No se queden en el hecho de comprar una entrada, quédense con el poco respeto al socio. No deberíamos olvidar que el fútbol existe por sus aficionados y que hay que deberse a ellos. Sin aficionados, no hay fútbol.


“Football without fans is nothing”

Jock Stein

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Esteban Borrell, FC Barcelona

FC Barcelona – FC Bayern: ¿llevar la iniciativa o jugar al contraataque?

Luis Enrique y Pep Guardiola deben llevar varios días reflexionando. Confusos. La Champions League ha querido que ambos se enfrenten y eso abre un abanico de posibilidades para cada equipo. Ambos entrenadores han apostado durante el año por un juego ofensivo y, aunque en el Barça solo fuese en el último tramo de la temporada, con el balón como protagonista. Pero ahora, ¿quién va a querer llevar la iniciativa? ¿Es mejor esperar en la ida y no arriesgar o salir a por todas desde el inicio?

Siendo la ida en el Camp Nou, lo lógico sería que el FC Barcelona saliese a buscar arriba al Bayern desde el primer minuto. Presión, intensidad y velocidad. El público pedirá salir al ataque y, por ello, personalmente, apostaría por un Barça valiente. Valiente pero no temerario. En los primeros minutos se tratará de buscar rápidamente a los delanteros para así obligar al Bayern a recular. Ahí, le toca decidir a Pep.

Las bajas del conjunto alemán obligarán a Guardiola a cambiar ligeramente el plan que podría tener previsto con Robben y Ribéry. Es difícil imaginar lo que Pep puede tener en mente pero cuesta pensar que el Bayern vaya a obsesionarse con el balón. Defender con balón en el Camp Nou es complicado por, entre otros, dos factores: presión del Barça y ataques tras pérdida. Perder un balón en el centro del campo o en la defensa contra el Barça es sinónimo de peligro y, en consecuencia, Pep puede renunciar a lo que habitualmente pide.

Las claves:

  • Dominio en el centro del campo: el equipo que gane la partida en el centro del campo será, probablemente, el que sufra durante menos minutos. Por ello, es posible que Guardiola apueste por reforzar la medular.
  • Busquets vs Xabi Alonso: en la batalla por el centro del campo son dos jugadores fundamentales. Busquets y Alonso son los líderes en el medio y deben tratar de equilibrar a su equipo. Luis Enrique debe tener muy en cuenta la última eliminatoria entre Barça y Bayern donde los alemanes destrozaron a un Barça completamente partido.
  • Inspiración culé: Messi, Neymar y Suárez llegan en un momento de forma espectacular. Los tres delanteros son peligrosos por separado y letales cuando se juntan. Si están acertados, casi imposible pararlos.
  • Ter-Stegen vs Neuer: jóvenes y atrevidos con los pies, ambos guardametas pueden marcar la diferencia en momentos puntuales.

El fútbol no entiende de lógicas y menos cuando se enfrentan dos equipos tan potentes en todos los aspectos. Siendo así, simplemente disfruten de una de las mejores eliminatorias que podrán ver. Luis Enrique vs Pep Guardiola. Busquets vs Xabi Alonso. Messi, Neymar y Suárez vs Götze, Müller y Lewandowski. En definitiva, FC Barcelona vs FC Bayern. Fútbol en estado puro.


“Lo más maravilloso de mi profesión es imaginar el partido que va a suceder mañana. Con los jugadores que yo tengo, con esas herramientas que tengo, con el contrario, que sé lo que hace, soñar qué va a pasar”

Pep Guardiola

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Esteban Borrell, FC Barcelona

Timón y ancla

Presionar: “Ejercer presión sobre el enemigo para hacerle abandonar sus posiciones”

Es una realidad, Sergio Busquets ha vuelto. No es casualidad que el Barça juegue sus mejores minutos de la temporada cuando Busquets está en el terreno de juego. Tanto en Sevilla como en París, el centrocampista robó, hizo jugar a los suyos y ahogó la salida del rival. En definitiva, impuso su ley.

Corría el verano de 2012 cuando el FC Barcelona empezaba una nueva etapa deportiva debido a que Pep Guardiola decidía no continuar como entrenador. Su marcha generó debates e incógnitas que durarían meses, incluso años. Una de las cuestiones más importantes fue la presión; el robo tras pérdida. Tras dos años de sequía en este aspecto, parece que Luis Enrique ha decidido utilizarla y, para ello, Sergio Busquets es su timón y su ancla.

Busquets se ha convertido en un correcaminos. En partidos como en Sevilla y en París, el centrocampista adelanta radicalmente su posición cuando el rival tiene la posesión. Así, obliga a los suyos a adelantar metros y asfixiar a un rival que debe recorrer muchos metros para crear peligro. Pero Busquets no solo presiona en su zona. Ahora, Busquets se mueve según el balón y no según el rival. Si el balón se desplaza a la derecha, Busquets está inmediatamente en la derecha. Si por el contrario se desplaza a la izquierda, vuelve a aparecer para desmontar al rival. En París, además de ser el jugador que más corrió (11.25 km), fue el gran protagonista del primer gol con un robo magistral fuera de su zona.

Pero no sólo es importante en la presión. Además de ancla, es el timón. Sin un guía en el centro del campo blaugrana, Busquets es quien debe dar salida a un equipo que sufre sin un jugador como Xavi en la creación. Con Luis Enrique, el centrocampista no se incrusta entre los dos centrales como hacía anteriormente sino que mantiene su posición en el medio para tratar de conseguir una salida más limpia. El riesgo aumenta considerablemente, pero si el balón llega a los delanteros este Barça es letal.

Ahora más que nunca, Busquets es el capitán de un barco que parecía ir a la deriva y que a día de hoy no tiene límites. Un buen capitán no se baja del barco hasta que sus marineros están a salvo y Busquets, en la sombra, está consiguiendo su objetivo: ser la brújula del Barça.


Pep Guardiola: “Para crear, necesitamos libertad, presión y riesgo” (Herr Pep)

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Esteban Borrell, FC Barcelona, Leo Messi, Liga BBVA

Valor en alza

En economía, la especulación consiste en efectuar operaciones comerciales o financieras con el fin de obtener beneficios basados en la variación de precio. La especulación conlleva riesgo. En fútbol, la especulación se relaciona con equipos inestables. Equipos que no consiguen controlar el encuentro y arriesgan debido a una incapacidad. La incapacidad puede darse por muchos motivos, pero, normalmente, se da por falta de control sobre el rival. En el Camp Nou, el Barça goleó a un Sevilla muy por debajo de su nivel. Pero no es oro todo lo que reluce, ni harina todo lo que blanquea. El Barça especuló y, por momentos, volvió a mostrar síntomas de incapacidad.

Aspirina FIFA

El famoso ‘virus FIFA’ se convirtió esta vez en aspirina para Luis Enrique. El equipo llegaba al parón con muchas dudas que debía tratar de solventar lo antes posible. Para eso, el asturiano iba a contar con dos semanas sin partidos. Donde no especuló fue en el once. Luis Enrique salió con todo y eso se vio reflejado en los primeros minutos. El FC Barcelona parecía querer cambiar su juego. Los problemas del equipo en la creación parecían solventarse en los primeros minutos gracias a la ayuda de Xavi en la recepción y al despliegue de Rakitic.

Con el Sevilla todavía contemplativo, el Barça consiguió dominar con tranquilidad los primeros minutos. A pesar de no estar precisos en el último pase, no faltó intensidad. Varios jugadores tenían cuentas pendientes y era importante mostrar actitud. Uno de ellos, Leo Messi, que había dejado su futuro en el aire, fue recibido con aplausos. Unos aplausos que iban a durar toda la noche.

El mejor de la historia

Es posible que Kubala pueda discutirle a Messi el ser el mejor jugador de la historia del FC Barcelona pero lo que ha hecho Leo no lo ha hecho nadie. Simplemente, el mejor. Messi dio una exhibición digna del máximo goleador de la historia de la Liga. El argentino abrió y cerró el marcador en una noche que no olvidará jamás.

Volviendo al partido, Messi hizo lo más difícil. El Barça empezaba a bajar el ritmo y, en una buena falta provocada por Suárez, Messi fusiló la escuadra. La falta estaba mejor situada para un diestro pero Messi no entiende de lógicas futbolísticas. El 1-0 serenó al equipo hasta el punto de ceder terreno a un Sevilla que parecía poner la alfombra a Leo Messi. Los de Emery crecieron y las dudas volvieron al conjunto de Luis Enrique. El centro del campo perdía poco a poco la batalla por la posesión provocando que el Sevilla llegase cada vez con más hombres al ataque. Y ahí el Barça sufre. El Sevilla fue impreciso en el último pase y eso salvó a un Barça que necesitaba el descanso cuanto antes.

El Barça se desploma

El valor del Barça, si de Bolsa se tratase, se hubiese desplomado. Si especulas, puedes hundirte. Tan solo había pasado un minuto tras el descanso cuando Jordi Alba marcó en propia puerta. Si el Sevilla llega, puede marcarte. Parece lógico pero es la tónica habitual de la temporada en Can Barça. El querer ser más verticales implica partir al equipo y generar un descontrol que solo puede traer cosas negativas. Se vio con el Tata Martino, con Tito Vilanova e, incluso, con Pep Guardiola, el Barça sufre en partidos descontrolados.

Faltaban 45 minutos y el equipo debía demostrar que iba a más. La reacción no se hizo esperar y Neymar, tras un gran centro de Xavi, peinó el balón al fondo de las mallas. Habían pasado dos minutos tras el empate. Con 2-1, el Barça debía controlar a un Sevilla que parecía estar herido de muerte.

Al más puro estilo Madrid

El Barça remató el partido como lo solía hacer el Madrid. Puede gustar más o menos, pero Suárez y Neymar se dedicaron a jugar al espacio en la mayor parte de la segunda mitad. No lo hizo Messi, que debía bajar a recibir para tratar de crear en un centro del campo algo gris. Fue a la contra cuando el Barça mató el partido definitivamente. Primero Rakitic a pase de Suárez y luego Messi a pase de Neymar. El resultado era claro pero, ¿lo era el juego?

Es cierto que el equipo está en construcción, a pesar de estar a las puertas de diciembre, y que la plantilla ha cambiado con respecto a los años anteriores. También es cierto que, quizá, ya no sea posible jugar como se hacía antes. Hace uno o dos años el Barça tenía graves problemas en muchos partidos pero siempre mantuvo la idea de juego. El centro del campo mandaba y a partir de ahí se generaba el resto. En este Barça, parece que la tendencia a ser más vertical provoca que el centro del campo tenga menos protagonismo y se dependa de la brillantez de los tres genios en ataque. En Liga puede ser que salga bien pero ante los rivales directos, como se vio ante PSG y Madrid, el FC Barcelona es incapaz de frenar al rival.

“Vi jugar a Leo Messi”

El Camp Nou se puso en pie por tercera vez, como mínimo, en lo que iba de partido. Messi, un devorador insaciable, marcó un gol que le define. El argentino regateó a dos rivales, tiró una pared con Neymar y definió perfectamente desde la frontal. Potencia, calidad y talento.

Tras el partido, el FC Barcelona homenajeó a Messi con un emotivo vídeo que acabó con pitos a Bartomeu y Zubizarreta. Messi cerró, por lo menos durante un tiempo, la puerta de las críticas para abrir la de la historia.


“Tengo nostalgia del presente cada vez que juega Messi. Soy hincha fanático de este lugar en el mundo y de este tiempo histórico. Porque, me parece a mí, en el Juicio Final estaremos todos los humanos que han sido y seremos, y se formará un corro para hablar de fútbol, y uno dirá: yo estudié en Amsterdam en el 73, otro dirá: yo era arquitecto en São Paulo en el 62, y otro: yo ya era adolescente en Nápoles en el 87, y mi padre dirá: yo viajé a Montevideo en el 67, y uno más atrás: yo escuché el silencio del Maracaná en el 50.

Todos contarán sus batallas con orgullo hasta altas horas. Y cuando ya no quede nadie por hablar, me pondré de pie y diré despacio: yo vivía en Barcelona en los tiempos del hombre perro. Y no volará una mosca. Se hará silencio. Todos los demás bajarán la cabeza. Y aparecerá Dios, vestido de Juicio Final, y señalándome dirá: tú, el gordito, estás salvado. Todos los demás, a las duchas.”

Hernán Casciari

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FC Barcelona

Destapados

El frío ha llegado (por fin) a Barcelona. Saquen de una vez por todas el edredón y la manta del armario y prepárense para vivir uno de los mayores placeres de la vida. Frío y calor se juntan en unos segundos mágicos. Pero también se pueden volver incómodos. Un edredón corto es sinónimo de molestia. En el momento que un pie se desliza fuera del edredón en cuestión, todo cambia. Si eso les ocurre, ármense de paciencia. Por mucho que traten de resguardar sus pies, los problemas llegarán cuando, indirectamente, destapen la parte de arriba. Y así, entrarán en un círculo del que solo podrán salir reajustando su edredón o manta. ¿Reajustando? ¿Cómo se hace eso?

El frío no ha llegado solo a la ciudad, parece que el FC Barcelona se ha contagiado. Luis Enrique tenía claro que no iba a empezar su nueva casa por el tejado; la defensa iba a ser lo primero que debía mejorar. Y así fue. Bravo batió un récord de imbatibilidad y, eludiendo el partido de París, parecía que esa faceta se había arreglado. La manta del técnico asturiano resguardaba sus pies pero no su cabeza. Teniendo a Messi, a Neymar y, posteriormente, a Suárez en ataque, se lo podía permitir aunque se esperaban cambios progresivos.

El Barça debía reajustar su manta para no pasar frío. Es por ello que debía equilibrar todas las líneas para crear un equipo competitivo. Ante el Real Madrid, todo se vino abajo. Los blancos superaron a los blaugrana en todas las facetas del juego. Con los pies, los brazos y la cabeza destapada, el Barça pasó una mala noche. Los de Luis Enrique no pudieron conciliar el sueño a pesar de haberse comprado una almohada uruguaya, no precisamente barata, que iba a mejorar su comodidad. La almohada funcionó pero el resto del cuerpo se enfriaba a medida que pasaban los minutos. El frío ganó la partida al calor.

Ante el Celta, el Barça se preparaba para pasar una noche tranquila. Un vaso de leche caliente, una manta y su nueva almohada. Ante un rival, a priori, beneficioso, todo hacía presagiar un sueño placentero. Sosegados y confiados, la noche parecía empezar como se esperaba. Pero todo cambió cuando un mosquito, en forma de palos, le picó cuatro veces. La desesperación se adueñaba de un Barça que cada vez dejaba más al descubierto sus pies. Y así, en una ráfaga de viento, Larrivey los dejó sin protección. El frío volvía a ganarles la partida. Eso sí, esta vez, la mala suerte se cebó con un Barça que mereció más.

Tras dos noches sin poder dormir del tirón, los culés viajaban a Amsterdam. Tocaba aprender de los errores y demostrar que las críticas debían quedarse en el olvido. Pero los síntomas fueron preocupantes. Los primeros 45 minutos fueron, probablemente junto a la segunda parte del Bernabéu, los peores de la temporada. El Barça estaba resfriado y el Ajax lo aprovechó para pasarle por encima. Nulos en la presión, descontrolados en defensa y poco eficaces en la creación. La manta había desaparecido y los de Luis Enrique temblaban. El Barcelona recordó, en muchos aspectos, al Madrid de hace unos años. La única forma de reaccionar fue a través de Messi, haciendo de calefacción, para conseguir tres puntos muy importantes.

El club blaugrana no debe sumirse en el ‘resultadismo’ que existe en el fútbol moderno. Si eso ocurre, la filosofía e identidad del club, tan complicada de adquirir, se irá perdiendo poco a poco. Ante el Celta, el Barça jugó mucho mejor que ante el Ajax pero las críticas fueron mucho peores. El fútbol moderno se centra en resultados y no en cómo se trata de conseguir ese resultado. En Can Barça, querido Lucho, no vale todo. Hable usted de fútbol y no de estadísticas ni posiciones que seguro que, a la larga, vendrán ambas de la mano. Ah, y no olviden taparse bien.


“El secreto de un buen equipo está en el orden, que todos sepan lo que hay que hacer”

Pep Guardiola

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FC Barcelona, Liga BBVA

15 minutos para escuchar

El pasado sábado pasaron cosas raras en Barcelona. Recordaron al ayer. Pero no al ayer reciente y glorioso, al ayer pesimista. El FC Barcelona empataba, sin goles, al descanso frente al Eibar. El Eibar, equipo modesto y de presupuesto infinitamente inferior al Barça, estaba plantando cara a los de Luis Enrique. No solo eso, tuvo dos oportunidades manifiestas de gol. Las sensaciones no eran buenas y eso parecía impacientar a la parroquia blaugrana.

Es en el descanso cuando trato, habitualmente, de evitar escuchar los comentarios del equipo. La afición del Barça es popularmente conocida por su pesimismo, a pesar de haber cambiado en la última década. Normalmente, no me muevo del asiento. Observo y escucho la opinión de los profesionales en la radio. Pero esta vez decidí cambiar. Me levanté del asiento y, sin ningún objetivo claro, decidí pasear por el interior del Camp Nou.

Suspiré varias veces mientras reflexionaba sobre la primera mitad. El equipo no daba sensaciones de mejora y concedía demasiado en defensa. En ataque, Messi y Neymar eran los únicos que intentaban sorprender. Alves y Alba seguían llegando, pero volvían a centrar sin precisión. Sin pensar. Aunque eso no era lo que más me preocupaba. Al Barça le creaban demasiadas ocasiones y lo hacían con demasiada facilidad. Qué le pasa a Piqué. No puede con nadie. Cada amago era un regate y cada desmarque era una ocasión. Buscando respuestas, guardé la radio y me dispuse a escuchar al soci.

Mi preocupación fue en aumento a medida que avanzaba. La mayoría no hablaba del partido. Ni siquiera de fútbol. Algo entendible si en esos 15 minutos de descanso te encuentras con gente que hace tiempo que no ves. Como suele ser habitual, escuché algún que otro reproche sobre Messi y, sobre todo, de Pedro. Alves y Alba se colaban en alguna que otra conversación pero con un papel secundario. La mayoría hablaba del Eibar. Incluso, lo desprestigiaba. Equipo modesto, poco presupuesto y con un juego correoso, el prototipo de equipo que impacienta a los culés. Ninguna conversación conseguía sorprenderme. Hasta que, por casualidad, escuché a un grupo hablar sobre el estilo. El Chelsea y el Madrid eran los protagonistas de la conversación. Les transcribo una parte:

– Al fútbol hay que jugar rápido. Al fútbol se juega al contraataque.

– Claro. Mira al Chelsea o al Madrid, no tienen problemas para crear ocasiones.

No pude aguantar mucho. La conversación me sobrepasó. Posiblemente, y casi seguro, los que cuestionan el estilo forman parte de una minoría en el global de seguidores culés. Pero me hizo pensar. El fútbol moderno llevaba años invirtiendo la tendencia. ¿Por qué se cuestiona al equipo que propone con el balón y no al que se nutre de concesiones del rival?. ¿Por qué es más importante resguardarse atrás que alimentar el ataque?. ¿Por qué fútbol moderno, creas atletas y no futbolistas?.

Eso sí, la primera parte del Barça no fue buena. Faltó rapidez, intensidad, creatividad y solidez defensiva. El Eibar tampoco lo puso fácil. El tercer equipo menos goleado de la Liga saltó al terreno de juego con cinco defensas que se convertían en ocho o nueve cuando el Barça tenía la pelota. No le quedaba otra. La jugada salió redonda pero Capa falló, probablemente, el gol más claro de su carrera.

La segunda mitad fue totalmente distinta. Messi se inventó un gran pase para romper el partido. Con 1-0, el partido cambió completamente. El Eibar concedió más en defensa, tras el desgaste de la primera mitad, y eso en el Camp Nou es firmar tu sentencia. La parroquia culé salió contenta. Ni se acordaba de la primera mitad. Pero yo seguía dándole vueltas. Quedaba una semana para ir al Santiago Bernabéu y demasiadas cosas no funcionaban. Tampoco funcionan otras en el Madrid, lo que hace presagiar un partido muy abierto.

Yo seguía pensando en el descanso. Un descanso de 15 minutos en el que vale la pena escuchar. Adéntrense entre la masa social y saquen sus propias conclusiones. No se alejen de sus compañeros de grada. Y aunque en la mayoría de casos discrepen de lo que escuchen, vale la pena aguantar. Reflexionarán.

Son tiempos en los que no se escucha y se impone. Tiempos en los que no se dialoga y se toman decisiones sin consultar. Tiempos en los que no hay respuestas y sí muchas preguntas. Tiempos en los que debatir es un atrevimiento y no una obligación. Tiempos en los que muchos hablan y no actúan. En estos tiempos, escuchen más que nunca. Debatan con uno mismo. Formen opiniones propias y no se dejen llevar. Háganlo por ustedes.


“Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar”
Epicteto de Frigia
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FC Barcelona

El factor sorpresa

“Sorprender: tomar desprevenido a alguien”

Hay dos formas de interpretar la victoria del FC Barcelona ante el Granada. La primera, se podría definir así: “Lo último que deberíamos perder es la capacidad de sorprender a los demás”. El Barça ha vuelto a ser imprevisible por momentos. Los de Luis Enrique se han gustado sobre el terreno de juego. En las primeras jornadas, el Barça ganaba pero lo hacía sin convencer. El equipo había mejorado notablemente en la presión y en tareas defensivas pero necesitaba algo más en ataque. El rival cedía las bandas y eso causaba grandes estragos en las llegadas del Barça. Tras el empate en La Rosaleda, el FC Barcelona ha dado un paso adelante para volver a su verdadera identidad.

La segunda interpretación está relacionada con la primera, aunque no son necesariamente complementarias: “No pretendo sorprender a nadie, sino convencerme a mí mismo”. El FC Barcelona tiene una idea de juego marcada. Pasan los entrenadores pero el ideal de juego es el mismo. Es por ello que, la mayoría de veces, el Barça no altera su juego según el rival. Ante el Granada, el Barcelona ha alcanzado picos de fútbol que se acercan a su ideal de juego.

Si bien es cierto que los de Luis Enrique salieron al campo de manera diferente a como lo hicieron en Málaga, el Granada también facilitó las cosas. Por momentos, el FC Barcelona volvía a caer en una espiral en la cual chocaba contra un muro y tenía que recurrir a los laterales para atacar. Alves y Adriano debían regatear y centrar con precisión. Después de eso, Munir, Neymar o Messi debían ganarle la partida a la defensa para rematar. Misión (casi) imposible. Obviando el fallo de Yuste, clave para entender el bajón del Granada, los de Luis Enrique han conseguido sorprender, por primera vez en esta temporada, por todas las zonas de ataque.

Antes del 1-0, y posterior desangramiento del Granada, ya se vieron cambios en el conjunto local. Messi parecía volver a la posición de falso nueve. Algo providencial para entender las posiciones de Munir y Neymar. Leo venía jugando de mediapunta, dejando el centro del ataque a los dos teóricos extremos que acababan provocando un embudo en la zona central. El Barça se atascaba. Ante los de Caparrós, Messi se adelantó unos metros y Neymar y Munir, hoy extremos, jugaron más pegados a banda. Así, los laterales se sentían oxigenados al llegar a la zona de ataque y Messi gozaba de más espacios. Se esperaban cambios y Luis Enrique reaccionó.

El 1-0 dejó claro que un error contra el FC Barcelona puede ser mortal. Yuste regaló medio gol para hundir a los suyos tras un gran comienzo. A partir de ahí, llegó el festival culé. Messi y Neymar se desataron, un día más, para hacer jugar al equipo. Pero iban a tener un nuevo acompañante: Xavi Hernández. El centrocampista volvió a brillar en la creación. Con un Granada tocado por el primer gol, Messi se inventó dos regates y dos grandes pases pasar poner, sucesivamente, el dos y tres a cero.

Con 3-0, el Barça debía aprovechar para gustarse. Caparrós trató, en vano, de evitarlo con los cambios. Luis Enrique aprovechó para rotar en vistas del encuentro del martes en París. Pero eso no hizo bajar el nivel. Messi y Neymar certificaron lo que promete ser una dupla histórica en Can Barça. Paredes por doquier, pases al espacio, diagonales, desmarques. Se dieron un festín. Disfrutaron. Y con el ’10’ y ’11’ disfrutando, el Granada se veía totalmente impotente.

El partido acabó con un abusivo 6-0 de un equipo que parece ir a más. Los de Caparrós pagaron los platos rotos de La Rosaleda y deben olvidar cuanto antes la derrota. Por su parte, los de Luis Enrique llegan a París en el mejor momento de la temporada y ante un PSG que ha dejado muchas dudas. El Barça debe demostrar el martes que el factor sorpresa ha vuelto y que ha dejado atrás el ser un equipo previsible. La tarea es compleja.


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