Esteban Borrell, FC Barcelona

Timón y ancla

Presionar: “Ejercer presión sobre el enemigo para hacerle abandonar sus posiciones”

Es una realidad, Sergio Busquets ha vuelto. No es casualidad que el Barça juegue sus mejores minutos de la temporada cuando Busquets está en el terreno de juego. Tanto en Sevilla como en París, el centrocampista robó, hizo jugar a los suyos y ahogó la salida del rival. En definitiva, impuso su ley.

Corría el verano de 2012 cuando el FC Barcelona empezaba una nueva etapa deportiva debido a que Pep Guardiola decidía no continuar como entrenador. Su marcha generó debates e incógnitas que durarían meses, incluso años. Una de las cuestiones más importantes fue la presión; el robo tras pérdida. Tras dos años de sequía en este aspecto, parece que Luis Enrique ha decidido utilizarla y, para ello, Sergio Busquets es su timón y su ancla.

Busquets se ha convertido en un correcaminos. En partidos como en Sevilla y en París, el centrocampista adelanta radicalmente su posición cuando el rival tiene la posesión. Así, obliga a los suyos a adelantar metros y asfixiar a un rival que debe recorrer muchos metros para crear peligro. Pero Busquets no solo presiona en su zona. Ahora, Busquets se mueve según el balón y no según el rival. Si el balón se desplaza a la derecha, Busquets está inmediatamente en la derecha. Si por el contrario se desplaza a la izquierda, vuelve a aparecer para desmontar al rival. En París, además de ser el jugador que más corrió (11.25 km), fue el gran protagonista del primer gol con un robo magistral fuera de su zona.

Pero no sólo es importante en la presión. Además de ancla, es el timón. Sin un guía en el centro del campo blaugrana, Busquets es quien debe dar salida a un equipo que sufre sin un jugador como Xavi en la creación. Con Luis Enrique, el centrocampista no se incrusta entre los dos centrales como hacía anteriormente sino que mantiene su posición en el medio para tratar de conseguir una salida más limpia. El riesgo aumenta considerablemente, pero si el balón llega a los delanteros este Barça es letal.

Ahora más que nunca, Busquets es el capitán de un barco que parecía ir a la deriva y que a día de hoy no tiene límites. Un buen capitán no se baja del barco hasta que sus marineros están a salvo y Busquets, en la sombra, está consiguiendo su objetivo: ser la brújula del Barça.


Pep Guardiola: “Para crear, necesitamos libertad, presión y riesgo” (Herr Pep)

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Esteban Borrell, FC Barcelona, Leo Messi, Liga BBVA

Valor en alza

En economía, la especulación consiste en efectuar operaciones comerciales o financieras con el fin de obtener beneficios basados en la variación de precio. La especulación conlleva riesgo. En fútbol, la especulación se relaciona con equipos inestables. Equipos que no consiguen controlar el encuentro y arriesgan debido a una incapacidad. La incapacidad puede darse por muchos motivos, pero, normalmente, se da por falta de control sobre el rival. En el Camp Nou, el Barça goleó a un Sevilla muy por debajo de su nivel. Pero no es oro todo lo que reluce, ni harina todo lo que blanquea. El Barça especuló y, por momentos, volvió a mostrar síntomas de incapacidad.

Aspirina FIFA

El famoso ‘virus FIFA’ se convirtió esta vez en aspirina para Luis Enrique. El equipo llegaba al parón con muchas dudas que debía tratar de solventar lo antes posible. Para eso, el asturiano iba a contar con dos semanas sin partidos. Donde no especuló fue en el once. Luis Enrique salió con todo y eso se vio reflejado en los primeros minutos. El FC Barcelona parecía querer cambiar su juego. Los problemas del equipo en la creación parecían solventarse en los primeros minutos gracias a la ayuda de Xavi en la recepción y al despliegue de Rakitic.

Con el Sevilla todavía contemplativo, el Barça consiguió dominar con tranquilidad los primeros minutos. A pesar de no estar precisos en el último pase, no faltó intensidad. Varios jugadores tenían cuentas pendientes y era importante mostrar actitud. Uno de ellos, Leo Messi, que había dejado su futuro en el aire, fue recibido con aplausos. Unos aplausos que iban a durar toda la noche.

El mejor de la historia

Es posible que Kubala pueda discutirle a Messi el ser el mejor jugador de la historia del FC Barcelona pero lo que ha hecho Leo no lo ha hecho nadie. Simplemente, el mejor. Messi dio una exhibición digna del máximo goleador de la historia de la Liga. El argentino abrió y cerró el marcador en una noche que no olvidará jamás.

Volviendo al partido, Messi hizo lo más difícil. El Barça empezaba a bajar el ritmo y, en una buena falta provocada por Suárez, Messi fusiló la escuadra. La falta estaba mejor situada para un diestro pero Messi no entiende de lógicas futbolísticas. El 1-0 serenó al equipo hasta el punto de ceder terreno a un Sevilla que parecía poner la alfombra a Leo Messi. Los de Emery crecieron y las dudas volvieron al conjunto de Luis Enrique. El centro del campo perdía poco a poco la batalla por la posesión provocando que el Sevilla llegase cada vez con más hombres al ataque. Y ahí el Barça sufre. El Sevilla fue impreciso en el último pase y eso salvó a un Barça que necesitaba el descanso cuanto antes.

El Barça se desploma

El valor del Barça, si de Bolsa se tratase, se hubiese desplomado. Si especulas, puedes hundirte. Tan solo había pasado un minuto tras el descanso cuando Jordi Alba marcó en propia puerta. Si el Sevilla llega, puede marcarte. Parece lógico pero es la tónica habitual de la temporada en Can Barça. El querer ser más verticales implica partir al equipo y generar un descontrol que solo puede traer cosas negativas. Se vio con el Tata Martino, con Tito Vilanova e, incluso, con Pep Guardiola, el Barça sufre en partidos descontrolados.

Faltaban 45 minutos y el equipo debía demostrar que iba a más. La reacción no se hizo esperar y Neymar, tras un gran centro de Xavi, peinó el balón al fondo de las mallas. Habían pasado dos minutos tras el empate. Con 2-1, el Barça debía controlar a un Sevilla que parecía estar herido de muerte.

Al más puro estilo Madrid

El Barça remató el partido como lo solía hacer el Madrid. Puede gustar más o menos, pero Suárez y Neymar se dedicaron a jugar al espacio en la mayor parte de la segunda mitad. No lo hizo Messi, que debía bajar a recibir para tratar de crear en un centro del campo algo gris. Fue a la contra cuando el Barça mató el partido definitivamente. Primero Rakitic a pase de Suárez y luego Messi a pase de Neymar. El resultado era claro pero, ¿lo era el juego?

Es cierto que el equipo está en construcción, a pesar de estar a las puertas de diciembre, y que la plantilla ha cambiado con respecto a los años anteriores. También es cierto que, quizá, ya no sea posible jugar como se hacía antes. Hace uno o dos años el Barça tenía graves problemas en muchos partidos pero siempre mantuvo la idea de juego. El centro del campo mandaba y a partir de ahí se generaba el resto. En este Barça, parece que la tendencia a ser más vertical provoca que el centro del campo tenga menos protagonismo y se dependa de la brillantez de los tres genios en ataque. En Liga puede ser que salga bien pero ante los rivales directos, como se vio ante PSG y Madrid, el FC Barcelona es incapaz de frenar al rival.

“Vi jugar a Leo Messi”

El Camp Nou se puso en pie por tercera vez, como mínimo, en lo que iba de partido. Messi, un devorador insaciable, marcó un gol que le define. El argentino regateó a dos rivales, tiró una pared con Neymar y definió perfectamente desde la frontal. Potencia, calidad y talento.

Tras el partido, el FC Barcelona homenajeó a Messi con un emotivo vídeo que acabó con pitos a Bartomeu y Zubizarreta. Messi cerró, por lo menos durante un tiempo, la puerta de las críticas para abrir la de la historia.


“Tengo nostalgia del presente cada vez que juega Messi. Soy hincha fanático de este lugar en el mundo y de este tiempo histórico. Porque, me parece a mí, en el Juicio Final estaremos todos los humanos que han sido y seremos, y se formará un corro para hablar de fútbol, y uno dirá: yo estudié en Amsterdam en el 73, otro dirá: yo era arquitecto en São Paulo en el 62, y otro: yo ya era adolescente en Nápoles en el 87, y mi padre dirá: yo viajé a Montevideo en el 67, y uno más atrás: yo escuché el silencio del Maracaná en el 50.

Todos contarán sus batallas con orgullo hasta altas horas. Y cuando ya no quede nadie por hablar, me pondré de pie y diré despacio: yo vivía en Barcelona en los tiempos del hombre perro. Y no volará una mosca. Se hará silencio. Todos los demás bajarán la cabeza. Y aparecerá Dios, vestido de Juicio Final, y señalándome dirá: tú, el gordito, estás salvado. Todos los demás, a las duchas.”

Hernán Casciari

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Esteban Borrell, FC Barcelona

¿A qué juegan?

En el mundo del fútbol, como en el de la filosofía, tal y como nos enseñó Platón con sus diálogos socráticos, el relato de historias “entre dos” -de las que se derivan sabias conclusiones pensadas y emitidas por estimulación “del otro”- es una buena manera de analizar el planteamiento táctico que encuadra un estilo de juego. ¿Por qué? Pregunta Pep Guardiola, responde Luis Enrique. Un diálogo hipotético podría transcurrir de la siguiente manera:

Pep. – Entonces, si he entendido bien, basas tu idea de juego en la pelota. Pero basados en la pelota existen muchos equipos, y con virtudes completamente diferentes. Pues el Madrid de Ancelotti, el Chelsea de Mourinho en Premier, el Arsenal o, entre otros, la Juventus en Serie A, también tratan de jugar con el balón. Entiendo, pues, que usted apuesta por la pelota sabiendo que eso conlleva muchas variaciones tácticas

LE. – Así es.

Pep. – Sin embargo, creo que su estilo de juego no se asemeja a ninguno de los mencionados anteriormente. ¿O acaso, Luis Enrique, piensas que centrarse en la pelota se ve representado en el Chelsea? No creo, en ningún caso, que pienses eso.

LE. – Cree bien, Pep, y comprendes a la perfección mi pensamiento.

Pep. – Si es así, responde mi pregunta. Dime, pues, si para usted jugar con la pelota es simplemente tener más posesión que el rival. Si tratar de robar el balón cuanto antes para atacar es, o no, jugar con la pelota. Si hacer llegar el balón rápido a sus atacantes es, o no, jugar con la pelota. Si tocar en su propio campo, evitando que el rival ataque, es jugar, o no, con la pelota. Si usted me preguntara: “¿Qué es jugar con la pelota?”. Yo le respondería que los ejemplos anteriores se alejan de mi idea de juego. Que jugar con la pelota es atacar moviendo el balón, en el centro del campo, para desactivar al rival. El centro del campo debe ser el más poblado y donde más rápido debe moverse el balón. Pasar, pasar y pasar. Jugar en campo rival y cuidar la pelota.

LE. – Su respuesta sería acertada, Pep.

Pep. – Pues respóndeme tú también, Luis. ¿En qué se basa su idea de jugar con la pelota?

LE. – En la creación. Todo debe girar en torno al centro del campo que debe mover el balón para tratar de crear ocasiones. Generar superioridades y desarbolar a las defensas rivales. Los espacios se generan moviendo rápido el balón y no invitando al rival a atacar para cogerle desprevenido.

Pep. – Ya suponía yo que era ésta tu respuesta pero te he formulado las preguntas para tratar que la discusión llegue a su término ordenadamente. Te he preguntado algo que parecía evidente a fin de que llegue a conocer mejor su idea de juego. Si es como dice, ¿por qué no la practica? ¿Por qué basa su juego en acumular jugadores en la parte de ataque y no en el centro del campo? ¿Por qué su zona de creación es solo ocupada, por momentos, por Leo Messi? Piense bien las respuestas. Tiene más de seis meses para responderlas.


“Lo que vamos a tratar es lo de siempre: es tener la pelota, atacar,

evitar que el rival la posea y que construya daños que nos dañen”

Marcelo Bielsa

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FC Barcelona

Destapados

El frío ha llegado (por fin) a Barcelona. Saquen de una vez por todas el edredón y la manta del armario y prepárense para vivir uno de los mayores placeres de la vida. Frío y calor se juntan en unos segundos mágicos. Pero también se pueden volver incómodos. Un edredón corto es sinónimo de molestia. En el momento que un pie se desliza fuera del edredón en cuestión, todo cambia. Si eso les ocurre, ármense de paciencia. Por mucho que traten de resguardar sus pies, los problemas llegarán cuando, indirectamente, destapen la parte de arriba. Y así, entrarán en un círculo del que solo podrán salir reajustando su edredón o manta. ¿Reajustando? ¿Cómo se hace eso?

El frío no ha llegado solo a la ciudad, parece que el FC Barcelona se ha contagiado. Luis Enrique tenía claro que no iba a empezar su nueva casa por el tejado; la defensa iba a ser lo primero que debía mejorar. Y así fue. Bravo batió un récord de imbatibilidad y, eludiendo el partido de París, parecía que esa faceta se había arreglado. La manta del técnico asturiano resguardaba sus pies pero no su cabeza. Teniendo a Messi, a Neymar y, posteriormente, a Suárez en ataque, se lo podía permitir aunque se esperaban cambios progresivos.

El Barça debía reajustar su manta para no pasar frío. Es por ello que debía equilibrar todas las líneas para crear un equipo competitivo. Ante el Real Madrid, todo se vino abajo. Los blancos superaron a los blaugrana en todas las facetas del juego. Con los pies, los brazos y la cabeza destapada, el Barça pasó una mala noche. Los de Luis Enrique no pudieron conciliar el sueño a pesar de haberse comprado una almohada uruguaya, no precisamente barata, que iba a mejorar su comodidad. La almohada funcionó pero el resto del cuerpo se enfriaba a medida que pasaban los minutos. El frío ganó la partida al calor.

Ante el Celta, el Barça se preparaba para pasar una noche tranquila. Un vaso de leche caliente, una manta y su nueva almohada. Ante un rival, a priori, beneficioso, todo hacía presagiar un sueño placentero. Sosegados y confiados, la noche parecía empezar como se esperaba. Pero todo cambió cuando un mosquito, en forma de palos, le picó cuatro veces. La desesperación se adueñaba de un Barça que cada vez dejaba más al descubierto sus pies. Y así, en una ráfaga de viento, Larrivey los dejó sin protección. El frío volvía a ganarles la partida. Eso sí, esta vez, la mala suerte se cebó con un Barça que mereció más.

Tras dos noches sin poder dormir del tirón, los culés viajaban a Amsterdam. Tocaba aprender de los errores y demostrar que las críticas debían quedarse en el olvido. Pero los síntomas fueron preocupantes. Los primeros 45 minutos fueron, probablemente junto a la segunda parte del Bernabéu, los peores de la temporada. El Barça estaba resfriado y el Ajax lo aprovechó para pasarle por encima. Nulos en la presión, descontrolados en defensa y poco eficaces en la creación. La manta había desaparecido y los de Luis Enrique temblaban. El Barcelona recordó, en muchos aspectos, al Madrid de hace unos años. La única forma de reaccionar fue a través de Messi, haciendo de calefacción, para conseguir tres puntos muy importantes.

El club blaugrana no debe sumirse en el ‘resultadismo’ que existe en el fútbol moderno. Si eso ocurre, la filosofía e identidad del club, tan complicada de adquirir, se irá perdiendo poco a poco. Ante el Celta, el Barça jugó mucho mejor que ante el Ajax pero las críticas fueron mucho peores. El fútbol moderno se centra en resultados y no en cómo se trata de conseguir ese resultado. En Can Barça, querido Lucho, no vale todo. Hable usted de fútbol y no de estadísticas ni posiciones que seguro que, a la larga, vendrán ambas de la mano. Ah, y no olviden taparse bien.


“El secreto de un buen equipo está en el orden, que todos sepan lo que hay que hacer”

Pep Guardiola

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Esteban Borrell, FC Barcelona

Por los de verdad

El FC Barcelona es un club diferente. Ni más ni menos que un club; simplemente diferente. En Barcelona hay que tener cuidado por dónde pisas, a quién defiendes y a quién criticas. Y más en semana de Clásico. Un Clásico que no fue bien. Un Clásico que pone en el punto de mira a jugadores que no habían recibido una sola crítica. Un Clásico que aumenta, una vez más, la división interna en la afición. Un Clásico que pide responsabilidades a entrenador y director deportivo. Un Clásico que es capaz de hacer tambalear a leyendas. En definitiva, un Clásico en Can Barça.

Si buscan leer sobre el partido en sí, sobre el juego, se equivocan de lugar. Aquí no. Sobre el juego ya leerán que Piqué no está a su nivel, que Alves solo se dedica a hacer vídeos, que Messi no corre, que Xavi está viejo o, entre otras, que Pedro no tiene nivel. Ah, no se olviden de Andrés Iniesta. Posiblemente el mejor jugador de la temporada pasada es, hoy en día, según lo leído, un jugador viejo y sin nivel ni ganas para el FC Barcelona. Parte de la afición del Barça se deja llevar. Muchos apuestan por el conflicto y la crítica antes que por la confianza y la paciencia. No han pasado ni dos meses de competición y ya se está pidiendo que rueden cabezas.

Les pediré una cosa. Apunten en un papel u ordenador todo aquello que hayan pensado sobre el Barça tras el Clásico. No dejen títere con cabeza: Luis Enrique, jugadores, Bartoméu, Zubizarreta, Laporta e, incluso, Núñez. Una vez acabado, guarden bien esa hoja y prepárense para rescatarla a final de temporada. Les diré qué he apuntado yo en la mía:

– Confianza total y absoluta en la plantilla.

– Grave problema en el centro del campo. Xavi e Iniesta no supieron sostener a un equipo que exigía algo más en ataque para que Leo Messi pudiese combinar entre líneas. En defensa, totalmente sobrepasados por un Madrid que supo aprovecharlo a la perfección.

Leo Messi sigue siendo un jugador superlativo y poco aprovechado. Recibe demasiado atrás y eso le perjudica. Luis Enrique encontrará la tecla.

– 4-3-1-2 y no 4-3-3. Embudo en el centro del ataque que puede ser solucionado con la entrada de Suárez en el once. De momento, muy experimental.

Mascherano es actualmente el jugador más en forma de la plantilla. Posiblemente, apostaría por él como mediocentro defensivo en partidos como el del Bernabéu, en el que es clave recuperar. Busquets, sorprendentemente, estuvo a un buen nivel en defensa hasta que el partido se rompió.

– A Alves y Jordi Alba se les exige por encima de sus posibilidades. Además de laterales, son extremos.

Luis Enrique no debe entrar en guerras contra la afición, la prensa y los jugadores porque puede pasarlo mal. En rueda de prensa dejó caer varias pullas que no benefician al equipo.

Frases cortas y sin grandes justificaciones. Simplemente les pido que en unos meses, cuando se juegue lo importante, vuelvan a rescatar el escrito. Se darán cuenta de cosas. Reflexionarán. Para bien o para mal, pero lo harán.

El club no pasa, institucionalmente, por el mejor momento. Además de varios juicios abiertos, la confrontación con la anterior Junta parece obligar a una división total de la afición. Rosell o Laporta. Núñez o Cruyff. Parece de obligado cumplimiento tener que posicionarse por uno de los dos bandos. ¿Y si directamente no quieren a ninguno? En el día que Laporta y los suyos han ‘ganado’ en los juzgados, la división parece ser cada vez más insalvable. Para algunos, tan insalvable como el crédito de la Junta actual.

Una Junta que recibe golpes constantemente. Los dos casos más sonados son el de Neymar y el de la acción de responsabilidad. El primero va por los 100M cuando se dijo por activa y por pasiva que tan solo fueron 57. El segundo también ha dejado a la Junta actual en una situación complicada. El juez ha dado la razón a Laporta y, por tanto, ha asestado un golpe que puede ser mortal para Bartoméu de cara a las elecciones. A ello se puede sumar Qatar, Abidal, la votación de Beko, la entrada de niños, la Masia, Baena y un sin fin de salidas de tono que han provocado problemas con leyendas como Leo Messi.

Se seguirá hablando de Juntas, jugadores y entrenadores pero no de los socios. Bueno sí, disculpen, sí se habla de los socios. Se habla para criticar al que pide explicaciones. Mediante una Asamblea o mediante una denuncia tras no recibir respuestas. ¿No es posible respetarse? Si no hay nada que esconder, ¿por qué no se pueden pedir explicaciones? ¿No son los socios, supuestamente, los dueños del club?

Por ellos, los socios de verdad. Por los que viajaron al Bernabéu, sin ninguna facilidad, y se encontraron aficionados del Real Madrid en zona visitante. Por los que viajaron por Europa y se encontraron rodeados de extranjeros que no sabían ni el himno del club. Por los que aman y sienten. Por los que jamás irán a una final a pesar de desearlo. Por los que organizan y participan en previas. Por los que no reciben incentivos por viajar y lo hacen igualmente. Por los que piden una grada de animación para poder animar a los suyos. Por los que ven el aumento de turistas en el Camp Nou. Por los que lo darían todo por el club. Por los que van más allá de lo deportivo. Por los que ya no están. Por un Barça con seny.  Por ustedes, los de verdad.


“Tant se val d’on venim
si del sud o del nord
Ara estem d’acord, estem d’acord
una bandera ens agermana.”

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Pacoco Alarcon, Real Madrid

Ese algo especial

En la actualidad, nos hemos acostumbrado a escuchar esta expresión en relación al mundo del fútbol. Ya sea en el majestuoso Santiago Bernabeu o en el humilde Rubial. Champions League, segunda división o primera regional, en todas ellas siempre hay jugadores, personas, con un algo especial. Este algo especial puede manifestarse de miles de formas y maneras diferentes, siendo todas ellas igualmente únicas. Personas que, inexplicablemente, parecen estar dotadas con un ADN especial, un ADN impregnado de hierba, de cal, de fútbol.

Isco tiene ese algo especial. Se sabe especial y hacer sentir especial a la pelota cuando acaricia sus botas. Con mimo, con ligereza, con suavidad. Armonioso, fluyendo, dibujando movimientos con su cuerpo. El balón, el juego, nunca es irrelevante en sus pies. Una jugada después de Isco nunca es igual que antes de Isco. Capaz de imaginar lo inimaginable, de ejecutar lo imposible, de dar una vuelta más de tuerca. Hay opciones buenas y malas, y luego está la opción que solo un genio puede concebir, aquella que se cuece en su mente mientras aguanta la pelota, firme, con la vista alta. Da igual lo enrevesado que sea el desmarque del compañero, pues si existe la más mínima posibilidad de que el balón llegue a su destino, esta rondará la cabeza y los pies del malagueño.

Todo ello endulzado con una personalidad abrumadora. Líder. No importa la edad si la dicha es buena. No importa la edad si el “humilde” equipo de tu ciudad juega unos cuartos de final de la Liga de Campeones y tú, un joven de 20 años, casi les lleva a la victoria ante los gigantes de la Westaflia. No importa la edad si, dos meses después, toda una generación de talentos del país más hegemónico del último lustro te necesita, a ti, a un nuevo, para liderar una de las mayores exhibiciones recordadas en esa categoría. No importa la edad cuando un año después aquellos gigantes, a los que retabas desde la pequeñez, te necesitan, a ti, a un jugador de segunda fila, para difuminar la más alta de las murallas y alcanzar la tan ansiada recompensa.

El expreso de Cardiff descansará en la estación, algo que no ha de hacer preocupar al espectáculo, pues supondrá una nueva oportunidad de poder disfrutar del diferente. Del mago, del hechicero, de aquel que siempre tiene algo diferente que mostrar, de aquel con un algo especial, de Isco Alarcón.


Pacoco Alarcon, coordinador de la Bundesliga en VAVEL.

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FC Barcelona, Liga BBVA

15 minutos para escuchar

El pasado sábado pasaron cosas raras en Barcelona. Recordaron al ayer. Pero no al ayer reciente y glorioso, al ayer pesimista. El FC Barcelona empataba, sin goles, al descanso frente al Eibar. El Eibar, equipo modesto y de presupuesto infinitamente inferior al Barça, estaba plantando cara a los de Luis Enrique. No solo eso, tuvo dos oportunidades manifiestas de gol. Las sensaciones no eran buenas y eso parecía impacientar a la parroquia blaugrana.

Es en el descanso cuando trato, habitualmente, de evitar escuchar los comentarios del equipo. La afición del Barça es popularmente conocida por su pesimismo, a pesar de haber cambiado en la última década. Normalmente, no me muevo del asiento. Observo y escucho la opinión de los profesionales en la radio. Pero esta vez decidí cambiar. Me levanté del asiento y, sin ningún objetivo claro, decidí pasear por el interior del Camp Nou.

Suspiré varias veces mientras reflexionaba sobre la primera mitad. El equipo no daba sensaciones de mejora y concedía demasiado en defensa. En ataque, Messi y Neymar eran los únicos que intentaban sorprender. Alves y Alba seguían llegando, pero volvían a centrar sin precisión. Sin pensar. Aunque eso no era lo que más me preocupaba. Al Barça le creaban demasiadas ocasiones y lo hacían con demasiada facilidad. Qué le pasa a Piqué. No puede con nadie. Cada amago era un regate y cada desmarque era una ocasión. Buscando respuestas, guardé la radio y me dispuse a escuchar al soci.

Mi preocupación fue en aumento a medida que avanzaba. La mayoría no hablaba del partido. Ni siquiera de fútbol. Algo entendible si en esos 15 minutos de descanso te encuentras con gente que hace tiempo que no ves. Como suele ser habitual, escuché algún que otro reproche sobre Messi y, sobre todo, de Pedro. Alves y Alba se colaban en alguna que otra conversación pero con un papel secundario. La mayoría hablaba del Eibar. Incluso, lo desprestigiaba. Equipo modesto, poco presupuesto y con un juego correoso, el prototipo de equipo que impacienta a los culés. Ninguna conversación conseguía sorprenderme. Hasta que, por casualidad, escuché a un grupo hablar sobre el estilo. El Chelsea y el Madrid eran los protagonistas de la conversación. Les transcribo una parte:

– Al fútbol hay que jugar rápido. Al fútbol se juega al contraataque.

– Claro. Mira al Chelsea o al Madrid, no tienen problemas para crear ocasiones.

No pude aguantar mucho. La conversación me sobrepasó. Posiblemente, y casi seguro, los que cuestionan el estilo forman parte de una minoría en el global de seguidores culés. Pero me hizo pensar. El fútbol moderno llevaba años invirtiendo la tendencia. ¿Por qué se cuestiona al equipo que propone con el balón y no al que se nutre de concesiones del rival?. ¿Por qué es más importante resguardarse atrás que alimentar el ataque?. ¿Por qué fútbol moderno, creas atletas y no futbolistas?.

Eso sí, la primera parte del Barça no fue buena. Faltó rapidez, intensidad, creatividad y solidez defensiva. El Eibar tampoco lo puso fácil. El tercer equipo menos goleado de la Liga saltó al terreno de juego con cinco defensas que se convertían en ocho o nueve cuando el Barça tenía la pelota. No le quedaba otra. La jugada salió redonda pero Capa falló, probablemente, el gol más claro de su carrera.

La segunda mitad fue totalmente distinta. Messi se inventó un gran pase para romper el partido. Con 1-0, el partido cambió completamente. El Eibar concedió más en defensa, tras el desgaste de la primera mitad, y eso en el Camp Nou es firmar tu sentencia. La parroquia culé salió contenta. Ni se acordaba de la primera mitad. Pero yo seguía dándole vueltas. Quedaba una semana para ir al Santiago Bernabéu y demasiadas cosas no funcionaban. Tampoco funcionan otras en el Madrid, lo que hace presagiar un partido muy abierto.

Yo seguía pensando en el descanso. Un descanso de 15 minutos en el que vale la pena escuchar. Adéntrense entre la masa social y saquen sus propias conclusiones. No se alejen de sus compañeros de grada. Y aunque en la mayoría de casos discrepen de lo que escuchen, vale la pena aguantar. Reflexionarán.

Son tiempos en los que no se escucha y se impone. Tiempos en los que no se dialoga y se toman decisiones sin consultar. Tiempos en los que no hay respuestas y sí muchas preguntas. Tiempos en los que debatir es un atrevimiento y no una obligación. Tiempos en los que muchos hablan y no actúan. En estos tiempos, escuchen más que nunca. Debatan con uno mismo. Formen opiniones propias y no se dejen llevar. Háganlo por ustedes.


“Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar”
Epicteto de Frigia
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