Esteban Borrell

Soledad, divino tesoro

El pasado martes, viendo el programa ‘Al rincón de pensar’ de Risto Mejide, escuché una frase que me llamó la atención a pesar de su simplicidad: “Aquí quiero que muestres tu cara ‘B’”. Risto, avisando del tono de las preguntas, dejó claro que quería hablar con la persona que estaba detrás del personaje famoso en cuestión. Y lo consiguió. Viéndolo, pensé: ¿todo tiene una cara ‘B’? ¿Cuándo mostramos realmente cómo somos?

Con el programa ya acabado, fue imposible dormir. Reflexioné. Estuve más de una hora con los ojos cerrados con un único acompañante de fondo en forma de música. Aquella hora fue un bálsamo que sólo podía llegar estando completamente solo. La cara ‘B’ de la soledad. La soledad, esa eterna infravalorada.

La soledad ha sido vista históricamente como algo profundamente negativo. Oscuro. Nadie desea cruzarse de cara con ella. Y, por una parte, es entendible, ya que la soledad, en términos de afecto, es una de las peores cosas que hay en esta vida. La cara ‘B’ que yo encontré en la soledad no tiene relación con el cariño o con el amor, la cara ‘B’ de la soledad tiene relación con saber disfrutar de uno mismo.

Conozco a poca gente que no dependa de los demás. En otras palabras, la sociedad nos educa para que nos relacionemos con el resto de personas pero no a disfrutar de uno mismo. La soledad nos obliga a encontrarnos; a pensar. ¿Cómo es posible que haya gente que se aburra estando sola? ¿Cómo puede ser que no estemos a gusto con nuestra propia compañía?

La cara ‘B’ de la soledad es distinta para cada persona. Si todavía no han encontrado la llave del tesoro, no traten de encontrarla imitando a los demás. No se tumben en la cama con los ojos cerrados y se esfuercen en pensar por haberlo leído aquí. Encontrarse a uno mismo es tan imperioso como complejo.

La soledad, como habitualmente se piensa, no es aislarse. Sonará extraño pero en la soledad es donde deben ponerse los cimientos de la casa que es nuestra vida. La cara ‘B’ de la soledad puede ser escuchar música, dormir solo, leer, ver películas, o lo que uno quiera.

La soledad, pues, es el tesoro más accesible que tenemos pero tiene la combinación más complicada para poder abrirse.


“La soledad no es motivo de tristeza, es motivo de reflexión”


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