FC Barcelona, Liga BBVA

15 minutos para escuchar

El pasado sábado pasaron cosas raras en Barcelona. Recordaron al ayer. Pero no al ayer reciente y glorioso, al ayer pesimista. El FC Barcelona empataba, sin goles, al descanso frente al Eibar. El Eibar, equipo modesto y de presupuesto infinitamente inferior al Barça, estaba plantando cara a los de Luis Enrique. No solo eso, tuvo dos oportunidades manifiestas de gol. Las sensaciones no eran buenas y eso parecía impacientar a la parroquia blaugrana.

Es en el descanso cuando trato, habitualmente, de evitar escuchar los comentarios del equipo. La afición del Barça es popularmente conocida por su pesimismo, a pesar de haber cambiado en la última década. Normalmente, no me muevo del asiento. Observo y escucho la opinión de los profesionales en la radio. Pero esta vez decidí cambiar. Me levanté del asiento y, sin ningún objetivo claro, decidí pasear por el interior del Camp Nou.

Suspiré varias veces mientras reflexionaba sobre la primera mitad. El equipo no daba sensaciones de mejora y concedía demasiado en defensa. En ataque, Messi y Neymar eran los únicos que intentaban sorprender. Alves y Alba seguían llegando, pero volvían a centrar sin precisión. Sin pensar. Aunque eso no era lo que más me preocupaba. Al Barça le creaban demasiadas ocasiones y lo hacían con demasiada facilidad. Qué le pasa a Piqué. No puede con nadie. Cada amago era un regate y cada desmarque era una ocasión. Buscando respuestas, guardé la radio y me dispuse a escuchar al soci.

Mi preocupación fue en aumento a medida que avanzaba. La mayoría no hablaba del partido. Ni siquiera de fútbol. Algo entendible si en esos 15 minutos de descanso te encuentras con gente que hace tiempo que no ves. Como suele ser habitual, escuché algún que otro reproche sobre Messi y, sobre todo, de Pedro. Alves y Alba se colaban en alguna que otra conversación pero con un papel secundario. La mayoría hablaba del Eibar. Incluso, lo desprestigiaba. Equipo modesto, poco presupuesto y con un juego correoso, el prototipo de equipo que impacienta a los culés. Ninguna conversación conseguía sorprenderme. Hasta que, por casualidad, escuché a un grupo hablar sobre el estilo. El Chelsea y el Madrid eran los protagonistas de la conversación. Les transcribo una parte:

– Al fútbol hay que jugar rápido. Al fútbol se juega al contraataque.

– Claro. Mira al Chelsea o al Madrid, no tienen problemas para crear ocasiones.

No pude aguantar mucho. La conversación me sobrepasó. Posiblemente, y casi seguro, los que cuestionan el estilo forman parte de una minoría en el global de seguidores culés. Pero me hizo pensar. El fútbol moderno llevaba años invirtiendo la tendencia. ¿Por qué se cuestiona al equipo que propone con el balón y no al que se nutre de concesiones del rival?. ¿Por qué es más importante resguardarse atrás que alimentar el ataque?. ¿Por qué fútbol moderno, creas atletas y no futbolistas?.

Eso sí, la primera parte del Barça no fue buena. Faltó rapidez, intensidad, creatividad y solidez defensiva. El Eibar tampoco lo puso fácil. El tercer equipo menos goleado de la Liga saltó al terreno de juego con cinco defensas que se convertían en ocho o nueve cuando el Barça tenía la pelota. No le quedaba otra. La jugada salió redonda pero Capa falló, probablemente, el gol más claro de su carrera.

La segunda mitad fue totalmente distinta. Messi se inventó un gran pase para romper el partido. Con 1-0, el partido cambió completamente. El Eibar concedió más en defensa, tras el desgaste de la primera mitad, y eso en el Camp Nou es firmar tu sentencia. La parroquia culé salió contenta. Ni se acordaba de la primera mitad. Pero yo seguía dándole vueltas. Quedaba una semana para ir al Santiago Bernabéu y demasiadas cosas no funcionaban. Tampoco funcionan otras en el Madrid, lo que hace presagiar un partido muy abierto.

Yo seguía pensando en el descanso. Un descanso de 15 minutos en el que vale la pena escuchar. Adéntrense entre la masa social y saquen sus propias conclusiones. No se alejen de sus compañeros de grada. Y aunque en la mayoría de casos discrepen de lo que escuchen, vale la pena aguantar. Reflexionarán.

Son tiempos en los que no se escucha y se impone. Tiempos en los que no se dialoga y se toman decisiones sin consultar. Tiempos en los que no hay respuestas y sí muchas preguntas. Tiempos en los que debatir es un atrevimiento y no una obligación. Tiempos en los que muchos hablan y no actúan. En estos tiempos, escuchen más que nunca. Debatan con uno mismo. Formen opiniones propias y no se dejen llevar. Háganlo por ustedes.


“Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar”
Epicteto de Frigia
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