Borja Refojos, Brasil

¿Qué nos pasa Doctor?

¿Qué nos pasa Doctor? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿En qué momento perdimos el sentido de las cosas? ¿Del fútbol? ¿De la vida? Hoy ya no hay futbolistas que levanten el puño pidiendo democracia. Ya no existe ese amor por el juego, por el buen juego por encima de todo. Hoy el deporte que amó se ha convertido en un negocio vil, lleno de mercaderes, de sabandijas que buscan sacar réditos económicos, y de profesionales que anteponen la victoria, de la forma que sea, a la belleza. Esa belleza que usted defendió toda su vida.

¿Qué nos pasa Doctor? Usted que, después de perder con Italia en el Mundial del 82, dijo aquellas palabras: “Perdimos. Mala suerte. Peor para el fútbol”. Usted que hizo del juego magia, arte en movimiento. Hermosura. Usted que defendió que no había que jugar para ganar, que había que hacerlo para ser recordado. Usted que ya no está. Pero usted, que es y siempre será recordado. En su ausencia, el jogo bonito ha muerto, la lucha por los derechos sociales se ha reducido al pueblo y el jugar para ganar es el único credo. Así es el fútbol moderno.

¿Qué nos pasa Doctor? Cuando futbolistas de la selección española van a jugar amistosos a países con regímenes totalitarios sin levantar la voz. “Yo no soy político, soy futbolista”. Usted se fue y ya nadie lucha por nada. Cada palabra de los jugadores está perfectamente hermetizada, perfectamente pensada y calibrada. Ni un milímetro fuera de lo establecido. Sin jardines, sin charcos. No quieren líos. ¿Cómo explicar entonces que un chico de Albacete, supuestamente venido desde una escala social humilde, cuestione que miles de brasileños protesten por “su Mundial”, cuando, según él, deberían festejar? ¿En qué momento el fútbol dejó de ser para el pueblo Doctor? Quizá que los magnates televisivos sean los amos que dictan con puño de hierro el devenir de su amado juego, haya influido en ello. Cada día más inaccesible. Cada día más lejos. En lo económico, en lo social. Se perdió el hablar con los futbolistas, el tratarles, el preguntarles. Ahora son poco menos que dioses, enclaustrados en su esfera, dispuestos a hacerse fotos y firmar autógrafos al populacho para apaciguar su locura. Tan cerca, tan lejos.

¿Qué nos pasa Doctor? Usted, que se quedó sin ver la Copa del Mundo en su país como le hubiera gustado. Sobre el papel, claro. Si usted siguiera con nosotros, el Mundial recién finalizado le habría dolido en el alma. Un país que renunció a su pueblo para rendirse a la tiranía de la FIFA, como en aquella película, Por un puñado de dólares. Recortes, injusticias, apreturas de cinturón, bajadas de pantalones. Y miles de personas asfixiadas bajo el guante de hierro recubierto de seda del poderoso. Una vaca que, a pesar de estar en las últimas, volverá a ser ordeñada salvajemente en dos años, en los Juegos Olímpicos. Aun con las injusticias quedará el fútbol, pensará usted. Y es cierto. Quedó el fútbol. Una Copa del Mundo siempre es mágica, y más en Brasil. Pero no, no le habría gustado ver lo que pasó. Ver mancillada la camiseta amarilla. Ver descuartizado el jogo bonito. Bajo una máscara de supuesta efectividad, su amada Seleçao practicó un fútbol irreconocible, ramplón, rácano. Debería estar prohibido por ley que la Canarinha jugase a eso. So pena de encierro con horas y horas de visionados de la selección que usted capitaneó. De aquella máquina del 82, que maravilló al planeta y de la que usted formó parte junto a Zico, Junior, Eder, Toninho Cerezo o Falcao. De aquella que no ganó, pero que para siempre será recordada.

¿Qué nos pasa Doctor? Hasta Brasil llegó el credo del fútbol moderno. Hasta Felipão. Ahora hasta Dunga. La excusa de que no se puede ganar a los europeos sin entrar a su terreno es la tabla de salvación para los defensores de lo físico, de la pelea, del despliegue. Los asesinos del jogo bonito. “Prefiero jugar mal y ganar”. El pan de cada día, en cada sala de prensa, de cada rincón del planeta. Se ha interiorizado tanto esa premisa, que parece que el buen juego es sinónimo de derrota. ¿Qué importa eso?, pensará usted. El romanticismo futbolístico ha muerto Doctor. Ganar, ganar y volver a ganar. Esa es la ley imperante hoy en día. La que aprenden los niños desde pequeños. La de que divertirse no sirve, la de ser un fracasado si no se supera al rival. Capitalismo deportivo.

¿Qué nos pasa Doctor? La cara es el espejo del alma. El fútbol lo es de la sociedad. Cada día impera más la efectividad sobre la belleza. Lo material sobre lo espiritual. Lo individual sobre lo colectivo. Cada día, en las noticias, se habla más de jugadores que de equipos. Cada día importa más el número de goles que la aportación al juego. Vivimos en una frivolización eterna de un juego que alguna vez fue puro. Como cuando usted hacía magia sobre el pasto o cuando luchaba por un mundo mejor fuera de él. Cuando usted, Doctor Sócrates, dignificaba el fútbol.


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One thought on “¿Qué nos pasa Doctor?

  1. Yo no creo que nos pase nada. Realmente, los futbolistas, y deportistas en general, comprometidos desde el punto de vista social han sido escasos, ahora y en cualquier otra época. Sí, si nos ponemos a buscar salen decenas de ejemplos (Quique Peinado fue capaz de rellenar todo un libro con ellos), pero sigue siendo una proporción mínima comparada con los miles de profesionales con la boca cerrada que ha habido a lo largo de la historia. Y en el fondo, si tenemos que buscar los referentes en un juego que siempre se ha planteado como entretenimiento puro, estamos apañaos…

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